sábado, 7 de febrero de 2009

Llevando a mamá a casa

Operaron finalmente a mi mamá durante la semana. Fue de hecho un evento bastante traumático para la familia, porque desde hace muchos años no se junta toda la familia en una sala de espera... creo que la última vez fue cuando un primo mío tuvo apendicitis.

Y de hecho que la operación a la rodilla no es tampoco un tema de vida o muerte de por sí, pero cuando se trata de operarse, en una clínica, toda la familia se entrega al menos unas cuantas horas al día a visitar, a acercarse y demostrar su preocupación, a decir unas cuantas plegarias en pro del éxito de la cirugía.

La operación no duró mucho felizmente, y el estrés le jugó una mala pasada a nuestros nervios, porque el doctor no salió a contarnos qué tal había salido todo, aunque ya nos habían informado que la paciente había salido de la sala de operaciones.

Pero al final, lo abrazamos como si hubiese salvado a mi mamá de un tumor cerebral. No puedo imaginar lo mucho que puede sufrir la gente cuyos padres realmente resultan padeciendo tantos problemas realmente tan fuertes.

Lo importante es que mamá ya está en casa, necesita hacer ejercicios especiales, tomar algo de desinflamantes y apoyarse con un bastón, pero verla sonreír y decir que ya no le duele tanto, es el mejor regalo.

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